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Jorge Ardiles
Ph.D. IESE Business School, España
 
Estrategia
GERENTES: Siete principios para tomar decisiones trascendentes
Publicación 4 de 4, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
El “deber ser” de los estrategas no es fácil porque, muchas veces, una virtud llevada al extremo puede ser una fatalidad.
Nov
06
2016

La lealtad no debe confundirse con la sumisión ciega a la orden de un superior ni como la falsa solidaridad gremial.



El Bushido, el estricto código ético samurái que exigía lealtad y honor hasta la muerte, es una de las fuentes de inspiración de los valores universales, que deberían estar presentes en todas las decisiones importantes de la empresa.
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Valores universales


Muchas veces me he preguntado sobre las características que debieran tener quienes toman decisiones trascendentes, y por cierto he hecho varios perfiles. También he leído bastante sobre el tema y no he encontrado consenso sobre esto; sin embargo, hace poco tiempo atrás he descubierto una temática, cuyos aspectos principales quiero compartir con ustedes.

Hemos identificado siete características básicas que debieran permear los procesos educativos de nuestros ciudadanos, desde la más tierna infancia, y ser fuertemente inculcados en los procesos formativos de los profesionales que tomarán decisiones trascendentes en el Chile de mañana.
Sin duda que estas características forman parte de las virtudes y valores de Occidente y han quedado plasmadas en la historia del pensamiento de la cultura judeo-cristiana. Y no solo en nuestra cultura, pues cada vez estoy más convencido de su universalidad, pues en este artículo también se recogen principios del Bushido, el código ético del samurái.

El “deber ser” de los estrategas no es fácil porque, muchas veces, un principio llevado al extremo puede ser una fatalidad.

RECTITUD
Aquellos que toman decisiones que repercuten sobre otros debieran tener rectitud, entendiendo esto como la facultad de decidir cierta línea de conducta de acuerdo con la razón y la conciencia, sin titubear. Esto implica ser honrado en los tratos con todas las personas. En este sentido, no existen matices, solo existe lo correcto y lo incorrecto. En otras palabras, esto significa “la recta razón” y más simplemente, el deber.

Este “deber” no solo en relación a las jefaturas (que al parecer es lo que casi siempre ocurre), también se debe manifestar hacia los subordinados, hacia los ciudadanos, y hacia el entorno en el cual se desarrolla la acción de quienes deciden.

VALOR
Otra característica fundamental es el valor, que está íntimamente ligado con la rectitud. Saber lo que es recto (justo) y no ejecutarlo, solo se funda en falta de valor. Si lo expresamos en términos positivos: el valor consiste en decidir y hacer lo que es justo. ¿La decisión sobre la determinación de remuneraciones es recta? ¿Existe el valor de determinar remuneraciones justas? ¿El incumplimiento de asistencia a sesiones y/o reuniones, es recto? ¿Existe el valor de reconocerlo y enmendar el rumbo? ¿Existe en quienes toman decisiones trascendentes el valor de reconocer los errores y corregirlos rápidamente?

Muchas veces se confunde el valor con la temeridad. La valentía, el coraje, no es ciego, como la temeridad. La valentía es inteligente y fuerte, reemplaza el miedo por el respeto y la precaución. El camino del valiente no sigue los pasos de la estupidez.

BENEVOLENCIA
La tercera característica de un buen estratega es la benevolencia, que debe ser visto como el sentimiento de compasión, amor, magnanimidad, respeto y afecto hacia los demás. Uno de los principales requisitos de quien conduce personas está en esta característica. La sumisión de los subordinados, cuando no existe benevolencia, da paso rápidamente al autoritarismo. En caso contrario, se manifiesta una obediencia digna y aflora el espíritu de la más exaltada libertad que contribuye a que las empresas (y también los países) se organicen en torno al bien común. Si esto ocurre, los gobernantes son los primeros servidores del Estado y los ejecutivos, los primeros servidores de la empresa.

Cabe mencionar que la rectitud llevada al extremo se transforma en rigidez y la benevolencia practicada sin medida se convierte en debilidad.

CORTESÍA
Un cuarto elemento que debiera formar parte de los decisores trascendentes es la cortesía. Esta característica muy ignorada en el mundo contemporáneo, solo significa la manifestación externa de una consideración hacia los sentimientos de los demás. Es una verdadera manifestación de generosidad. Sin duda que la cortesía es el fruto maduro del trato social. Salude, agradezca a las personas con las que se vincula diariamente. Esta característica no debe confundirse con un sistema complejo de etiqueta o protocolos.

Un verdadero estratega debe ser cortés incluso con sus competidores. Podríamos decir que la cortesía es la manifestación de respeto por el prójimo y que sin respeto por las personas, no somos mejores que los animales.
Debemos respetar a la autoridad, a los mayores, a nuestros profesores, a todos, y también a las normas básicas que regulan nuestra convivencia.

¿Respeta los límites de velocidad? ¿Respeta las señales del tránsito? ¿Respeta la privacidad de las personas? ¿Respeta la dignidad de sus subordinados? Hay muchas otras preguntas que nos debiéramos hacer en torno al respeto de los seres humanos con quienes interactuamos continuamente.



Cuando un estratega dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho, nada lo debiera detener, salvo la evidencia de un error en la toma de decisiones.
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VERACIDAD
Una quinta característica es la veracidad. La palabra de un decisor debiera ser garantía suficiente de la veracidad de cada afirmación. Este apego a la verdad está cada vez más lejano en nuestro mundo contemporáneo. Vemos continuamente cómo los decisores mienten tratando de justificar sus propios actos. Como mienten al ocultar sus faltas, como mienten al defender decisiones indefendibles. ¡Cuando hay verdad, el juramento es una pérdida de honor!

Toda promesa incumplida es faltar a la verdad. Cuando una empresa comunicacionalmente promete algo que luego no cumple, hablamos de publicidad engañosa y a los políticos les llamamos demagogos. Cuando un estratega dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho, nada lo debiera detener, salvo la evidencia de un error en la toma de decisiones.

La falta de veracidad hace perder la reputación de los decisores y de las organizaciones a las cuales pertenecen. William Shakespeare, en Hamlet, pone en boca del protagonista: “¡Reputación, reputación, reputación! ¡oh, he perdido mi reputación! He perdido la parte inmortal de mi persona y lo que queda es bestial”.
Un auténtico estratega se debe regir por la verdad. No debe prometer, pues el simple hecho de hablar debiera poner en movimiento el acto de hacer.

HONOR
El sexto atributo es el honor, que implica una conciencia clara de la dignidad del ser humano vinculada al deber. La falta de honor genera vergüenza, la que tal vez sea la primera indicación de la conciencia moral. De aquí se puede concluir que un sinvergüenza carece de honor. Un sinvergüenza es quien no ha cumplido con su deber y no le importa.

Un buen estratega tiene solo un juez de su propio honor y es su propia conciencia. Las decisiones que toma y cómo las implementa son un reflejo de quién es en realidad.
Amar el honor debiera ser una cualidad del espíritu de todo ser humano, pero pocos se dan cuenta de que lo verdaderamente honorable está dentro de cada uno y no está en ninguna otra parte. Nace en todo aquel que cumple con su deber. No se es honorable porque lo llamen honorable.

LEALTAD
La séptima característica es la lealtad, la que no debe confundirse con la sumisión ciega a la orden de un superior ni como la falsa solidaridad gremial, que la vemos manifestada de diferentes formas y la llamamos de diferentes maneras: defensa corporativa; el que delata es un soplón; la defensa grupal de aquel que no aporta nada, pero nunca es marginado del equipo.

Muchas veces la lealtad se ve como sinónimo de fidelidad y, en este caso, hay que manifestar que la lealtad en una relación humana que solo se manifiesta si ambas partes están plenamente satisfechas. Esta afirmación nos debe hacer pensar que un estratega debe ser intensamente leal con quienes están bajo su cuidado. En otras palabras, debe ser fieramente fiel con aquellos del que es responsable. Solo una lealtad es superior a la del estratega hacia sus superiores, la de los superiores hacia todos sus subordinados.

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Última actualización: 12 de Noviembre de 2018 a las 17:43