BLOG / ECONOMÍA PARA LA EMPRESA
 
Cristián Echeverría
Ph.D. Berkeley, EE.UU.
 
Economía para la Empresa
EMPRESAS Y PERSONAS: Identificando costos y beneficios para una mejor toma de decisiones
Publicación 1 de 4, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
La mente suele engañarnos cuando tenemos que distinguir entre los costos marginales, de oportunidad y hundidos.
Oct
25
2015

Si ya fuiste y pagaste tu entrada al restaurante de tenedor libre (costo hundido): ¿vale la pena comer en exceso?



Por ejemplo, el costo de oportunidad de que Vidal juegue como defensa es altísimo para el equipo, pues se sacrifica la alternativa de que juegue como delantero.
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Principios básicos de decisión económica


Decidir por algo siempre implica escoger entre alternativas, porque no podemos hacer todo lo que queremos o necesitamos con los recursos que tenemos disponibles. Tenemos una cantidad de dinero, energía, espacio, recursos naturales o tiempo que son limitados.
Hay algunos principios básicos del análisis económico que ayudan a tomar decisiones:

Principio 1: Obtener más de algo que valoramos generalmente significa tener menos de otra cosa.
El análisis económico nos permite identificar los costos y los beneficios de cada decisión que tengamos entre manos, para escoger la que nos reporte el mayor beneficio neto. En toda actividad o decisión adicional es preciso identificar y explicitar cuál sería la segunda mejor alternativa de acción o uso de los recursos involucrados. No es necesario identificar todas las posibles alternativas o usos, sino solo la mejor, la que realizaríamos si es que decidieramos no realizar la que hemos escogido.
El valor que le asignemos a esa segunda mejor alternativa, que dejamos de realizar, es parte de lo que sacrificamos, es decir, es parte del costo de la alternativa que escogimos en primer lugar.

Principio 2: Una persona, empresa o sociedad debiera realizar una acción o actividad solo si los beneficios marginales (es decir adicionales) son por lo menos iguales a sus costos marginales.
Muchas decisiones pueden involucrar beneficios y costos vagamente definidos. Por ejemplo, las labores domésticas y cotidianas, tanto en el hogar como en la empresa, son difíciles de valorar. Sin embargo, aún en estas actividades podemos comparar cuánto nos cobraría un tercero por hacerlo (costo marginal) y cuánto valoramos que lo haga, es decir, el máximo precio que sinceramente estaríamos dispuestos a pagar porque alguien lo hiciera (beneficio marginal). La diferencia entre ambos es el excedente económico generado, y si es positiva, contrataremos a un tercero para realizarlo.

El verdadero concepto de costo en economía es el de costo de oportunidad, que se refiere al valor de la mejor alternativa que dejamos de lado, cuando decidimos realizar una actividad. Por ejemplo, un microempresario puede hacer regularmente algunas actividades de aseo en su negocio, que sin embargo lo distraigan de su rol central de administrar y dirigir el negocio. El costo de oportunidad de hacer parte del aseo en su negocio (es decir la productividad sacrificada de ese tiempo si es que lo hubiera dedicado a mejorar el negocio) posiblemente es mucho mayor que el precio que estaría dispuesto a pagar para que lo realizara un tercero. Para algunos microempresarios, sin embargo, hacer estas labores en su negocio les reportan una gran satisfacción. El valor de esa satisfacción entonces puede ser tan alto, que supere la productividad sacrificada por el tiempo adicional que podría haber dedicado al negocio. El excedente económico de hacer algunas actividades de aseo en su negocio puede ser positivo para algunos microempresarios, pero lo importante es que sea resultado de un análisis previo, razonado, y basado en una comparación serena de los costos y los beneficios involucrados.

Principio 3. Hay diferentes tipos de costos de las decisiones, algunos que importan (costos marginales y de oportunidad), y otros que no (costos hundidos, costos medios).
El costo de oportunidad relevante depende mucho de si hay uso alternativo para un recurso que podría ser usado en una actividad. El uso alternativo de un recurso puede depender del momento en que tomemos la decisión de la ejecución de dicha actividad. Por ejemplo, antes de comprar una entrada al cine, el costo de oportunidad de ir al cine es el precio de la entrada, más el tiempo y costos de viaje más el tiempo mismo que durará la película. Todos estos costos los podríamos evitar si decidiéramos no ir. Una vez comprada la entrada, el costo de oportunidad de ir al cine es menor, y se reduce principalmente al tiempo y costos de viaje y la duración de la película. La parte del costo que corresponde al valor de la entrada que ya compramos no es evitable, ya fue incurrida, y no podemos hacer nada para recuperarla (salvo revenderla, si es que lo logramos, y probablemente a un precio menor). De hecho, cuando ya contamos con la entrada, independientemente de si pagamos por ella o nos la regalaron, el costo de oportunidad de ir al cine es el mismo. El costo incurrido en el pasado, pero que no es evitable o recuperable en el presente, se llama costo hundido. Este tipo de costos no puede ser evitado, incluso en el caso que la actividad no se desarrolle. En economía, los costos hundidos no son un costo de oportunidad y no debieran ser considerados en la toma de decisiones.

Antes de comprar la entrada, comparamos el beneficio marginal de ir (supuestamente la película nos gustará), con el costo de oportunidad. Si la compramos, es porque en ese momento habíamos evaluado que había un excedente en esa decisión. Si el día mismo de la función descubrimos que la película no nos gustará, entonces el beneficio marginal habría desaparecido, con lo que el beneficio neto de ir al cine habrá disminuido a cero o incluso negativo. Entonces, el beneficio neto de la alternativa de quedarse en casa o ir a otro lado sería mayor que el beneficio neto de ir al cine. Si quedarse en casa es la segunda mejor alternativa, el excedente económico de ir a la función sería negativo, y no debiéramos ir.

Principio 4. Como los costos de oportunidad son crecientes, usemos primero los recursos con bajo costo de oportunidad antes que los con alto costo de oportunidad.
En la práctica, el costo de oportunidad de la mayoría de las actividades de consumo y producción es creciente. Mientras más tiempo, dinero, atención u otros recursos destinamos a una actividad, mayor es el costo de la segunda mejor alternativa sacrificada. Por ejemplo, lo que sacrifica una persona por gastar una hora adicional en obtener información para decidir qué computador comprar, cuando es la primera hora (es decir cuando pasa de cero a una hora) problablemente es muy bajo, en términos del sacrificio de otras actividades importantes. Sin embargo, el costo de oportunidad de la hora adicional cuando ya hemos gastado cinco horas contínuas, probablemente sea muy alto.

Diferentes personas pueden tener diferentes costos de oportunidad. Quien tenga el menor costo de oportunidad, comparado con otros para realizar una actividad, tiene una ventaja relativa o comparativa para hacerla. Arturo Vidal es mejor que el resto de su equipo en casi todas las posiciones de la Roja. Sin embargo, él es “más mejor” jugando como delantero. El costo de oportunidad de que Vidal juegue como defensa es altísimo para el equipo, pues se sacrifica la alternativa de que juegue como delantero. En contraste, Gary Medel jugando como delantero no lo haría tan bien como Vidal, y tendría un costo de oportunidad elevadísimo, que sería el sacrificio para el equipo de que juegue como defensa, donde está su fortaleza relativa a Vidal. Poniendo a cada jugador en el lugar donde tiene el menor costo de oportunidad, o donde está su ventaja relativa, se generan las mejores opciones al equipo para ganar.

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Veamos ahora algunos errores comunes al tomar decisiones:

1.IGNORAR O NO RECONOCER EL COSTO DE OPORTUNIDAD DE UNA DECISIÓN. La clave de una buena decisión generalmente está en reconocer el costo de oportunidad, el valor implícito de la segunda mejor alternativa relevante que estamos dejando de lado por tomar la decisión que en primera instancia escogimos. En muchas decisiones, la evaluación del costo de oportunidad es relativamente directa y clara: sabemos exactamente el valor de lo que estamos dejando por la actividad o acción que decidimos realizar.

En otros casos, esta evaluación es difusa, y está sujeta a probabilidades. Por ejemplo, muy pocas personas evalúan correctamente cuál es el costo de oportunidad de hablar por celular mientras manejan un vehículo. Esta evaluación es difícil porque la segunda mejor alternativa que estamos sacrificando es manejar en forma segura, y bajar nuestra probabilidad de accidente en unas veinte veces. ¿Como evaluar el beneficio neto de hablar unos minutos por celular, contra la probabilidad ya no tan baja de provocar un accidente en que eventualmente tengamos daños y pérdidas graves, si no la vida?

Finalmente, hay casos en que el costo de oportunidad está relacionado al valor del dinero a través del tiempo. Muchos emprendedores no incorporan en su evaluación del proyecto, el costo de oportunidad de los recursos monetarios que invertirán en su idea o de su tiempo y espacio privado destinado al negocio. No considerar el retorno que los recursos invertidos habrían tenido en la segunda mejor alternativa (la bolsa u otra inversión) como parte del costo de oportunidad de su emprendimiento puede inducir a emprender o perseverar más allá de lo económicamente razonable.

2.CONFUNDIR EL PROMEDIO CON EL MARGINAL. Es común que en la toma de decisiones se pueda confundir entre el costo y beneficio marginal de una unidad adicional de una actividad, con el costo y beneficio promedio. Esta confusión puede llevar a decisiones equívocas. Por ejemplo, las personas normalmente declaran que si supieran que un producto que vale $8.000 en su barrio se puede comprar por $4.000 menos en un local en el centro de la ciudad, harían el viaje. Las mismas personas declaran que si supieran que un computador que vale $ 400.000 en su barrio se puede comprar por los mismos $ 4.000 menos en el centro de la ciudad, no estarían dispuestas a ir. En ambos casos, se debe comparar el beneficio marginal de la decisión (ahorrarse $ 4.000) con el costo marginal (el costo del viaje, si es que esa es la segunda mejor alternativa). Sin embargo, nuestra mente tiende a confundirnos, calculando que un ahorro promedio de 50% en el primer caso, “vale más la pena”que un ahorro promedio de apenas 1% en el segundo caso.

3.NO IGNORAR LOS COSTOS HUNDIDOS (IRRECUPERABLES, O INEVITABLES). Otro error frecuente en la toma de decisiones, tanto de individuos en sus hogares, como en empresas, es no ignorar los costos hundidos. Las personas que pagan su entrada tienden a comer más en los restaurantes de “tenedor libre”, que a quienes se les regala la entrada. Los que pagaron, generalmente tratan de “recuperar” el valor de la entrada (que para todos los efectos es un costo hundido, una vez dentro del restaurante), y terminan comiendo en exceso. Por el contrario, a quienes se les regaló la entrada tienden a comer moderadamente y disfrutar la velada, pues no sienten que tengan que “recuperar” una entrada que les costo nada. La decisión más adecuada para quienes pagaron la entrada sería evaluar el beneficio extra de un plato adicional, ignorando el costo hundido, que no debe entrar nunca a influir sobre decisiones adicionales.

HASTA EL DOMINGO



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Juan Rojas Rojas
25-11-2015 16:18
Excelentes temas!!!


Última actualización: 12 de Noviembre de 2018 a las 17:43